lunes, 19 de septiembre de 2011

Casualidades de la vida (II)

El síndrome del pez fuera del agua

Fue una de esas tardes de Enero en las que, en teoría, deberíamos haber estado sudando neuronas por la inminencia de los exámenes de rigor, cuando nos dimos cuenta de las casualidades que llega a tener la vida.

Recuerdo que Doc. y yo estábamos disgustados con Lafo.

Él, Lafo, se había ganado ese mote entre nosotros por una serie de licencias humorísticas filológicas que no vienen a cuento, sólo diré que aquella secreta broma tenía que ver con el agua.

Este sujeto dio muestras de su ya intuida bipolaridad al terminar aquella jornada universitaria. Doc. San Antonio, tras una fructífera tarde de conversación virtual, acabó por teorizar que el susodicho tenía el síndrome del pez fuera del agua (ven, señores, la ironía que tiene la vida. Recordemos que el sujeto tenía relación con el líquido elemento)

Pero expliquemos en qué consiste este síndrome: el personaje se ve sólo en un mundo hostil que no es el suyo y trata de adaptarse, pero en el intento de adaptación pasa por fases de contradicción.

Asombrada por lo verdadero de tal declaración esperé a que Doc. continuara y sentenció:

-Esto es lo que le sucede a la protagonista de Nada.

(Llegados a este punto los lectores más avispados habrán llegado a sus propias conclusiones y entenderán lo curioso del caso)

-Amo las casualidades que tiene esta vida.

-Todo está relacionado, Darling.

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